Aquel que surge desde adentro, mitad furia, mitad llanto.
Aquel que por instinto brota fuera del vientre.
Ese grito que quiebra el nerviosismo de la sala.
Ese grito que provoca alegria y alivio.
Ese que demuestra que estamos vivos, el que indica que seguimos aquí.
El que con el tiempo, nos acompañara siempre.
El que inocente, fugaz y pasajero, marca el inicio de una nueva vida.
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